Yone le da la mano a Sint

26 11 2009

El sábado pasado fue la ‘cabalgata’ de San Nicolás aquí en Noord, en el barrio. Lo pongo entre comillas porque es un evento a pequeña escala, humilde, sin pretensiones. Hay una banda, y vienen los bomberos en sus coches con las sirenas puestas, este año vi a Epi y Blas (¿qué harán esos dos en la cabalgata de San Nicolás?) y Sint, claro. Con la excusa de que Amérigo, el caballo de Sint, está cansado (el pobrecito), Sint se sube a una carroza…Es la misma excusa del año pasado. Yone tenía clase de patinaje hasta las doce y llegamos un poco tarde, nos perdimos la llegada en transbordador…pero siguiendo las huellas de los caramelos en la calle, los adelantamos enseguida. Yone se bajó de la bici y le fue a dar la mano a Sint. Estaba convencido: era el verdadero. No era un ayudante (también los hay, Sint no puede estar en toda Holanda al mismo tiempo y tiene ayudantes), era Sint.

Y por la noche puso el zapato, claro. Y al día siguiente Sint lo había llenado y Amérigo se había comido la manzana y bebido el agua. Me conmueve tanta fe.





Dácil y sus manías

26 11 2009

A Dácil le encanta que le den golpecitos en los dientes. Te coge el dedo y te lo coloca en la boca, en los dientes, como a ella más le guste. Se trata de darle gopecitos en los dientes con la uña, y si no lo hace bien te muerde el dedo. Es tan directa…





Yone canta en San Martín

22 11 2009

El 11 de noviembre es San Martín; aquí Sint Maarten. Una fiesta un tanto ‘rescatada’, yo no recuerdo darle mucha importancia cuando era pequeña, pero Yone llevaba semanas decorando su farolillo en el colegio. Ahora se consiguen unos palitos con bombilla de led y pilas integradas para colgar el farolillo y cuando cae la noche (que ya es bien prontito) todos los niños del barrio salen a la calle. Llevan el farolillo encendido y van tocando en las puertas. Cuando te abren cantas una canción y te regalan golosinas o fruta. Es la base europea del popular ‘trick or treat’ americano en halloween, también adornado con farolillos hechos de calabazas.

Truus nos regaló dos calabacitas pequeñas de las que sacamos la pulpa y cortamos a la americana…una carita alegre para Dácil y el de los dientes picudos para Yone (me hizo un dibujo de cómo quería los dientes exactamente…)





Dácil haciendo ejercicio

21 11 2009

Para poder sentarse necesita fortalecer los músculos de la espalda; y cada vez lo hace mejor. Es más, cada vez le parece menos molesto. Recuerdo cuando, hace tiempo, detestaba ponerse (que la pusieran) bocabajo, hasta que le cogió el truquillo y el gustillo…





Yone y Dácil desayunando

9 11 2009

Desde que Dácil aprendió a meterse la comida en la boca, los desayunos en casa de los Sosa Corduwener se desenvuelven de esta manera tan armoniosa:





Dácil toca las cuentas

9 11 2009

Es un ejercicio arduo para niños invidentes: el de meter la mano en una caja y el de tocar cosas desconocidas. Cuando le meto la chupa a Dácil en un tupper se niega rotundamente a cogerla. No mete la mano en aquel tupper para nada en el mundo.

Pero ya sabemos que mami siempre gana. Yo soy más tenaz que ella y, gracias a Dios, Dácil tiene más curiosidad que mami…Aquella cajita con esas cositas que hacen un ruido tan interesante…¿quién podría resistirse?

Dácil se dio cuenta enseguida de que no le quedaba más remedio que meter la mano y tocar las cuentas para producir aquel ruido tan agradable e interesante. Otro paso adelante.





Yone patina

8 11 2009

He apuntado a Yone en clase de patinaje (con lo cual tiene 2 actividades en la semana: los jueves por la noche natación y los sábados por la mañana patinaje). Patinaje sobre hielo, claro está.

El invierno pasado heló lo suficiente como para poder patinar por los canales de los alrededores y lo pasamos francamente bien. Y me acuerdo de pensar entonces que no estaría mal que Yone aprendiera a temprana edad a mantenerse de pie sobre sus patines. Dicho esto, lo apunté en agosto en un curso infantil que dura toda la temporada (desde octubre hasta marzo).

La primera clase fue un fracaso. En todos los sentidos. Llegamos tempranito, el curso anterior de niños más grandes y más avanzados aún no había acabado; le puse los patines a Yone y él estaba ansioso por empezar y subir a la pista. (Las clases de los más pequeños son en la pista cubierta. Fuera hay otra pista descubierta de 400m, la de dentro es más bien para hockey y patinaje artístico.) Veía aquellos niños patinando y le parecía facilísimo. Tuve que agarrarlo para que dejara a los otros niños acabar su clase y cuando pisó el hielo, se deslizó y cayó, me miró con tal asombro que casi me parte el corazón. Esto no se lo había esperado…que fuera tan difícil mantenerse de pie, moverse, no caerse…En sus ojos había pánico.

La clase empezó, se lo llevó la profe, dieron cuatro vueltas, Yone estaba más sentado que de pie y a los 20 minutos se echó a llorar; mami, mami…La profe lo medio arrastró fuera de la pista y se me sentó en las rodillas hecho polvo. (mientras yo me preguntaba si había hecho bien en apuntarlo, si no era muy pequeño para estas cosas, si no era mala madre…). La profesora me aseguró que empiezan con 5 años, no parecía muy impresionada, y que si quería volver la siguiente semana era bienvenido.

1a clase patinaje

Me lo pensé mucho; y llegué a la conclusión de que después de una primera vez uno no debe desistir tan fácilmente. Yone debe aprender que no todas las cosas en la vida son fáciles y que algunas cosas cuestan más que otras. No nacemos aprendidos. Acordamos que iríamos a patinar juntos, él y yo, en esa semana que entraba, que casualmente era semana de vacaciones, sin cole. Fuimos el miércoles por la tarde, yo llevé mis patines, patinamos juntos, dentro y fuera, comimos papas fritas, tomamos chocolate caliente y fue toda una fiesta. El viernes fuimos otra vez juntos, papas, hielo, helado…y ya se le veía más seguro.

El sábado siguiente, su segunda clase, fue como una trasformación. Le compré unos pantalones calentitos de esquí que no se mojan y ¡a patinar!